El remo es el instrumento que empleamos para hacer avanzar la barca. El remo se compone básicamente, de la pala, de cuyo tamaño depende, entre otras, la fuerza que hemos de aplicar, la caña, el luchadero, el guión y finalmente el puño, por donde asirlo con ambas manos.

Técnicamente se trata de una palanca de segundo nivel, en el que el fulcro o punto de apoyo está debajo tanto del punto donde ejercemos la fuerza como del de resistencia a tal fuerza. Esto es debido a que el punto de apoyo, aunque pueda no parecerlo, es el agua y no el escálamo o tolete donde fijamos el remo a la barca. Se trata de mover la barca, no el agua.

Derivado de este efecto palanca de segundo grado, se deduce que la posición del luchadero, sección por donde fijamos el remo al escálamo mediante el estrobo, es determinante para que la resistencia a la fuerza que ejercemos sea mayor o menor, incidiendo decisivamente en la velocidad de la barca. Una sección de caña más larga, es decir del tramo comprendido entre la pala y el luchadero, aumentará la resistencia y en consecuencia nos exigirá mayor esfuerzo y la barca alcanzará más velocidad. Por contra, reducir ese tramo nos facilitará la remada pero el avance de la barca será inferior.


Es por tanto muy importante que el “estrobo” o lampera esté fijado correctamente en la sección del luchadero prevista por el constructor.


Además, ya que , respondiendo al diseño de la barca, y bajo el criterio del constructor, la posición del luchadero y las relaciones entre la longitud de la caña y el guión pueden variar para cada par de remos, es necesario seleccionar el remo adecuado al puesto que ocupemos en la barca.

La acción de remar

En la acción de remar intervienen el 80% de los músculos del cuerpo, tanto de la parte superior como de la inferior, y además, a resultas de las pruebas de velocimetría realizadas en el remo de banco móvil, casi en paridad de porcentajes, 53% y 47% respectivamente. En banco fijo esta proporción es menos acusada, adoptando el tronco superior la mayor carga, pero igualmente importante.

Músculos del cuerpo que intervienen en el ejercicio del remo

Intervienen los músculos de brazos, piernas, abdomen y espalda. Por ello es muy importante realizar un calentamiento previo para evitar el riesgo de lesionarse. Durante el calentamiento la espalda no puede estar ni demasiado encorvada ni completamente recta para no sufrir un tirón de la columna lumbar, especialmente si se es frágil de espalda.


La posición del jabegote pasa por levantar las piernas, formando casi un ángulo recto con el tronco y apoyando los pies en el banco anterior o el estribo para, mediante los movimientos de flexión facilitados por las contracciones del glúteo y el empuje de los cuádriceps, nos ayuden en el ejercicio.
El gesto técnico de la remada se desarrolla en tres fases: ataque, pasada y recuperación.


En el inicio, el ataque, cuando introducimos la pala del remo en el agua, las rodillas se encuentran flexionadas y el tronco inclinado hacia adelante, los brazos se mantienen estirados hasta llegar casi a contactar con la espalda del compañero que te precede, sujetando el puño del remo con ambas manos, firmes pero sin apretar en exceso. Para ello el estrobo no debe estar demasiado apretado, evitando castigar las muñecas. En este momento la pala del remo penetra en el agua, tan a proa como nos sea posible para hacer amplio el recorrido de la palada, encontrando el punto de apoyo que nos permitirá vencer la resistencia que opone la barca a su desplazamiento.
Es obligado que la pala entre en el agua lo más vertical posible, reduciendo así la superficie de resistencia y sin golpear el agua.

Es el momento en que la embarcación disminuye su velocidad debido a que se interpone una resistencia negativa a la inercia que ya lleva la barca. De ahí la necesidad de hacer el movimiento técnicamente perfecto.


Es fundamental que a lo largo de todo el gesto técnico no se produzcan movimientos bruscos con el cuerpo, minimizando las fuerzas contrarias que interfieren en el avance de la barca. Entra en valor aquel dicho de que “más vale maña que fuerza”.


El desarrollo del ejercicio continúa con la pasada, manteniendo los brazos estirados en un movimiento sincronizado entre el empuje con las piernas y la inclinación de la espalda hacia atrás, haciendo trabajar principalmente al músculo dorsal de la espalda y los trapecios. También los músculos abdominales ejercen su función tratando de mantener el equilibrio de la espalda y estabilizar el cuerpo. Al final de este movimiento, en el que las piernas están estiradas y el tronco va camino de la horizontalidad (30º respecto de la horizontal), es cuando la pala ha recorrido ya el 90% de su movimiento, en una progresión continua de aceleración que parte desde el punto de menos velocidad de la barca hasta el punto de mayor aceleración que es cuando levantamos la pala del agua.

Recuperación y ataque

Es en ese momento, cuando hacemos uso de tríceps y bíceps, flexionando los codos y tirando del remo hacia el cuerpo en un impulso final. Instante que aprovecharemos para sacar la pala limpiamente en posición vertical comenzando inmediatamente a estirar de nuevo los brazos. Solo cuando los brazos estén estirados, hayan sorteado las rodillas y no antes, comenzamos a incorporarnos a la posición de ataque, sin brusquedades, de forma lenta y gradual para no generar fuerzas contrarias al sentido de la marcha.
Esta es la fase de recuperación, cuando aprovechamos para respirar y relajar los músculos. Esta fase es crucial, porque además la barca se desplaza a la mayor velocidad y debemos aprovechar su avance el tiempo necesario, antes de iniciar nuevamente el ataque.

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Arrancada y Ciaboga