El medio natural para la varada es la playa. Es el terreno para el que está diseñada, con una doble carena que acompaña a la quilla para estabilizar el bote sobre la
arena.

La playa compuesta esencialmente de arena, supone el terreno menos agresivo para la integridad de la barca, sin embargo dada su naturaleza inestable e irregular
requiere del uso de elementos sólidos que nos ayuden a deslizar la barca a través de la quilla hasta situarla lejos del alcance de la marea y la rompiente de las olas.

Estos elementos auxiliares son los parales.
En esencia consisten en un trozo de madera rectangular, de aproximadamente 1,25 metros de largo y 15 kilos de peso que se sitúa en la arena transversalmente a la proa de la barca para que la quilla corra por encima, deslizando la barca. Se emplean varios parales, no menos de tres, a los que se le aplica sebo, aceite o
soluciones jabonosas por la cara de contacto con la quilla para facilitar el deslizamiento.

Varada de la barca

La secuencia de la varada comienza con una aproximación progresiva, por popa, hacia el borde del rebalaje dejado por la resaca. En ese momento, tras retirar los remos y prestando atención, especialmente en situaciones de mucho viento o mala mar, se desembarca por el costado de barlovento (por dónde viene el viento), ya sea del viento o de las olas del mar de fondo, para no ser arrollados por la propia
embarcación.
En los buques de gran tonelaje las maniobras de rescate e izado de un náufrago se realizan justo al contrario, por sotavento, proporcionando refugio al náufrago del
viento y el oleaje. En las barcas, es la propia embarcación la que supone un peligro para la personas y es de ella de la que hay que precaverse.
He podido observar con asombro como los remeros desembarcan sin atender a esta norma básica de seguridad, poniendo en peligro su integridad y en especial el de las extremidades inferiores.
Desembarcan todos excepto un proel que, con los remos de su bancada armados, se encarga de estabilizar la barca y mantenerla perpendicular a la playa por popa.
Esta función correspondía antiguamente a una figura llamada “Gardón”, generalmente un chaval de poca envergadura, muy ágil, que ayudado por una pértiga clavada en el fondo por proa, mantenía orientada correctamente la barca.

Una vez toque tierra la barca por el codaste, se hace firme la cordela al “borondo”. (El codaste es la extensión vertical de la quilla por la popa; “La cordela”, es la beta
de cabo que se emplea para arrastrar la barca; y el borondo la argolla metálica fija al codaste, dónde hacemos firme la cordela).
El siguiente paso es situar un “paral” a pie de codaste para comenzar a desplazar la barca mediante la fuerza de los jabegotes, que asidos bien a la regala, bien a trancanil, allí donde mueren los extremos de las cuadernas, atrás en la roda, y nunca de los toletes para no dañarlos. A medida que la barca avanza se van
disponiendo, paralelos al anterior, nuevos parales para continuar con la misma maniobra y hasta llegar al emplazamiento de destino, en donde queda en estado
de equilibrio sobre tres de ellos.

La limpieza


De obligado cumplimiento es la limpieza y drenaje de la embarcación por parte del bogaor después de su uso.
Aun cuando abordemos el remo como una actividad deportiva, no lo es menos que se practica sobre un objeto «animado», con alma, construida en madera, se la bautiza en la botadura y se la inscribe en el registro con nombre propio, y como una compañera más requiere nuestras atenciones.

Los japoneses cuentan incluso con un ritual propio para despedirse y agradecer
el servicio prestado a los objetos que ya han quedado obsoletos o inservibles.

Por tanto, aquel que no esté dispuesto a desempeñar esta labor debe plantearse la práctica del remo desde otro tipo de embarcaciones más cercanas al fitness que
al arte de marear.
Amén de los cuidados de pintura y carpintería que competen al calafate, lo más importante y al alcance del remero, es desalojar de agua la barca tras la varada,
dejándola seca, especialmente si, a causa de la lluvia, se trata de agua dulce.

El agua dulce pudre la madera, el agua de mar, no.

Para que proliferen los hongos que pudren la madera han de concurrir:

  • Temperatura media (de 20° a 30°).
  • Humedad constante o agua dulce.
  • Oxígeno

Por tanto, si la madera está seca no se pudre, y si está cubierta con agua salada, tampoco.
A veces, para embotar la madera, cerrando pequeñas fisuras originadas por el exceso de tiempo varadas al sol, es necesario llenar la sentina con agua de mar. Nunca con agua dulce.

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